Apuntes sobre los fundamentos ideológicos que sustentan la política exterior norteamericana respecto América Latina -La doctrina Monroe y el destino manifiesto-. Parte II

C) El caso de Guatemala.

La primera evidencia que tuvieron los habitantes del istmo centroamericano de la aplicación de la doctrina Monroe fue la invasión filibustera de 1856, liderada por el estadounidense William Walker, como extensión de los intereses estadounidenses en la región. Si bien las clases dirigentes y las élites tenían ya conocimiento de las consecuencias del ominoso tratado de Guadalupe Hidalgo y de la invasión norteamericana de México, es en este contexto cuando la población en general es consciente de la injerencia, influencia y ambiciones extranjeras en su territorio.

La invasión filibustera tuvo lugar en Nicaragua, aunque su impacto se extendió a toda América Central. Walker, un aventurero estadounidense que servía a los intereses económicos de magnates de su país, buscó establecer un estado esclavista controlado por Estados Unidos en Centroamérica. Su invasión inicialmente tuvo éxito y logró controlar brevemente Nicaragua nombrándose presidente. Como respuesta los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala (cuyas tropas estaban dirigidas por Mariano Paredes y José Víctor Zavala) firmaron el Tratado de Alianza el 18 de julio de 1856, que los involucraría militarmente en el conflicto desconociendo a Walker, y en abierto apoyo al derrocado presidente Patricio Rivas. (Costa Rica intervino más tarde por hallarse su ejército en un estado deplorable tras la campaña militar del año anterior).

Aunque esta acción se desarrolló en un momento en que la doctrina estaba plenamente en vigor, la campaña de los filibusteros no fue apoyada explícita pero sí implícitamente por el gobierno norteamericano, y desde luego contó con un inmenso apoyo entre la ciudadanía y las élites económicas siendo un ejemplo de cómo los intereses y las acciones individuales podían contravenir los principios declarados en la política oficial de un país.  Por el contrario, este intento de expansión de los intereses estadounidenses en América Central, en línea con la idea de que Estados Unidos tenía derecho a intervenir en los asuntos del continente para proteger sus intereses y seguridad, recibió la oposición y condena prácticamente unánime de las demás repúblicas hispanoamericanas.

Las líneas generales de la aplicación de esta política en Guatemala pueden verse reflejadas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y XX en los siguientes aspectos:

  • Control de recursos naturales: Rica en recursos naturales, especialmente en productos agrícolas como el café, el banano, el azúcar y el añil, estos eran de gran interés para Estados Unidos por lo que la Doctrina Monroe proporcionaba el marco ideológico que justificaba la intervención para asegurarse el acceso a estos recursos, protegiendo sus intereses económicos mediante acuerdos comerciales especialmente ventajosos.

  • Inversión extranjera y comercio: Durante el siglo XIX, Estados Unidos emergió como un importante socio comercial de Guatemala lo que se tradujo en un aumento de la inversión extranjera y el comercio bilateral. Empresas estadounidenses se establecieron en Guatemala para controlar y explotar la producción de ciertos productos siendo el caso más paradigmático el de la United Fruit Company. En concreto, esta empresa -el pulpo se la denominaba peyorativamente en los países donde se instalaba- controlaba vastas extensiones de tierras cultivables, era dueña de las instalaciones portuarias de Puerto Barrios, dominaba gran parte del tráfico marítimo en el área del Caribe, era copropietaria del puerto de San José en el Pacífico, controlaba la línea férrea a través de sus acciones en la International Railways of Central America y ejercía una influencia significativa en la economía y la política del país. Esta influencia a menudo se manifestaba en acciones como desestabilizaciones políticas o apoyo a golpes de Estado que beneficiaban sus intereses como el habido contra Arbenz en 1954. Y es que en este pintoresco caso, la unicidad de intereses estratégicos imperiales y económicos empresariales, quedaba patente en la figura de John Foster Dulles, secretario de estado de Estados Unidos en 1954, abogado y accionista de la United Fruit Company.

  • Control de la política interna. En aras de proteger sus intereses políticos y económicos, Estados Unidos se abrogó el derecho a intervenir en asuntos internos mediando, con el apoyo de élites locales, en el derrocamiento de gobiernos no alineados con sus intereses o auspiciando aquellos que más garantías les daban.

  • Política de Seguridad Hemisférica: Tras la segunda Guerra Mundial, la Doctrina fue utilizada para justificar las políticas anticomunistas y la presencia militar, de la CIA y las políticas de seguridad de Estados Unido. Como ejemplo, el entrenamiento en la finca Helvetia de los disidentes cubanos que participaron en la incursión de Bahía de Cochinos, en Cuba, bajo la presidencia de Kennedy. Además de otros temas como la cooperación en temas de seguridad, como la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, que tanto han impactado a Guatemala debido a su ubicación geográfica y su papel en el tránsito de drogas hacia Estados Unidos.

  • El derrocamiento de Arbenz y el conflicto armado Sin duda el acontecimiento de mayor repercusión de la aplicación de estas políticas fue el golpe de estado que sufrió el presidente Jacobo Arbenz el 27 de junio de 1954 y que sería sustituido por una junta militar y posteriormente por el coronel Carlos Castillo Armas. Este hecho asimismo llevaría a ciertos militares disconformes a alzarse en armas lo que desencadenaría el largo y duro conflicto armado Interno guatemalteco, una sociedad desgarrada por la guerra que produjo miles de víctimas y el desplazamiento forzoso de poblaciones enteras además de la pérdida de décadas de desarrollo del país.

D) La superación de la doctrina Monroe.

La Doctrina Monroe ha sido una influencia histórica significativa en las relaciones entre Estados Unidos y los países latinoamericanos, incluido Guatemala. Sin embargo, su influencia directa ha ido disminuyendo con el tiempo, y su aplicación y relevancia han sido objeto de debate y reinterpretación en el siglo XXI. En diciembre de 2023 la congresista representante por Nueva York, Nydia M. Velázquez, introdujo en el Capitolio, una resolución por la que exigía que el Departamento de Estado diera por superado “formalmente” el influyente marco de relaciones internacionales para desarrollar en su lugar una “política del Nuevo Buen Vecino”, “diseñada para fomentar las mejores relaciones y profundizar en una cooperación más eficaz”. “Desde el narcotráfico a la migración masiva y el cambio climático, los numerosos desafíos compartidos entre Estados Unidos y América Latina no pueden abordarse con la anticuada doctrina Monroe. Son algunas de las cuestiones más apremiantes de nuestro tiempo y exigen un proceso que enfatice el respeto y la cooperación”, arguyó la congresista Velázquez.

El debate en el propio establishment norteamericano sobre la legitimad de la doctrina Monroe, que autorizó a Estados Unidos a intervenir para asegurar sus intereses en la región, no es nuevo. En 2013, el secretario de Estado John Kerry de Obama dio por terminada su era en un discurso ante la OEA, pero apenas seis años después, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional durante la presidencia de Donald Trump, proclamaba “con orgullo” que la doctrina seguía vigente.

La aparición de nuevos y muy influyentes actores en la escena internacional, como China, cuyo marco de relaciones se basa en la no injerencia en asuntos internos, el multilateralismo y cooperación regional, el uso de la diplomacia en resolución de conflictos en lugar de recurrir a intervenciones unilaterales o políticas de imposición y el cambio en la dinámica de poder delimitarán el fin de esta doctrina imperial de Estados Unidos, aunque serán factores propios de las dinámicas  políticas internas del poder en esta país, los que marcarán su fin.

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